jueves, 27 de enero de 2011

Uno no: somos un montón.


Queda un día para estrenar "Novecento" y aún no les he hablado de todas las personas que han hecho esto posible. Qué desvergüenza...

Empecemos por la directora: Iratxe Gallego. Ya se hizo cargo de llevar la batuta en "Y los cuentos, cuentos son" y con ese montaje obtuvimos el primer premio en el III Certamen de Cuentacuentos "Tierras del Torío". Pero no ha repetido por eso, no. Ha repetido porque, mientras ella quiera, seguirá siendo la directora de todos los espectáculos de La Poesía es un Cuento. Conoce el espíritu de la asociación y conoce a nuestro narrador como si fuera su hermano. Además sabe mucho de las cosas que hay que hacer (y las que no hay que hacer) encima de un escenario. Es una suerte contar con ella.

Para adaptar el guión nos ayudó Álvaro Pereña. Impresionante como escribe este hombre. Rechazó las frases que parecían superfluas y matizó partes del espectáculo que han ganado mucho con el cambio. Además nos escribió un dossier de prensa que merecería ser publicado en una colección de poesía. Es una placer contar con él.

Nos ha puesto "guapos" Mar Salvador. Primero ideó el logo: ese teclado de piano que, a su vez es un barco. O ese barco que, a su vez, es un teclado de piano. Impresionante. Después diseñó el cartel de la obra y sobre todo nos regaló entusiasmo. Y buen rollo. Y una deuda de gratitud que alcanza magnitudes estratosféricas. Es la directora de arte de La Poesía es un Cuento y lo seguirá siendo, mientras quiera seguir siéndolo. Es una maravilla contar con ella.

Qué importante es una buena selección musical para este montaje. Y no sabemos de nadie que nos hubiera podido ayudar tanto y tan bien como Guillermo Díez. Ha elegido con mimo las piezas que sonarán en el espectáculo pero, además, no impuso: propuso. Y entre él y un servidor buscamos la que mejor se adaptase a cada pasaje. Infinita paciencia la suya. Aunque suene a tópico, no sabes si es mejor músico o persona. Es un lujo contar con él.

Miguel Ángel y Lara con la fotografía. Chuchi con los decorados (escasos pero importantísimos), Visi con el vestuario, Jesús, Vanesa y Laura pendientes de todo...

Mañana sólo subirá un persona al escenario pero sería imposible haber llegado hasta aquí sin toda esta gente y, sobretodo, sin todos ustedes socios y amigos de La Poesía es un Cuento y sin los que tienen su entrada para, mañana por la tarde, subir al Virginian con nosotros.

Es una gozada contar con ustedes

miércoles, 26 de enero de 2011

Ensayos


Los ensayos, para qué negarlo, son aburridos. Al menos, por norma general. Hay días en que lo pasas muy bien y todo eso pero, normalmente, repetir algo que ya sabes de memoria (nunca mejor dicho) se hace un poco pesado. Además te ves un poco ridículo ahí en el espejo.

Eso me pasa a mí. Es una gran pelea contra uno mismo la de sacar ganas y fuerzas para ensayar. Pero se consigue, no vayan a creer que el viernes nos plantamos en el escenario “a improvisar”. Reconozco que, en muchas partes, esquivo la mirada para no encontrarme con el tipo ese del espejo que habla solo y hace unos gestos raros… pero ensayar, se ensaya. Y mucho.

Además de los ensayos frente al espejo más formales, llevo unos dos o tres meses jugándome mi, ya de por sí escasa, fama de persona cuerda mientras “hablo solo” en el coche. Tengo grabado (con mi voz) el texto de “Novecento” en un CD y, hace tres meses que lo llevo puesto en el coche a todas horas. Y, claro, al final, además de escucharlo acabas doblando tu propia voz y repitiendo el guión en voz alta. La verdad es que me ha ayudado mucho a memorizar y a encontrar inflexiones de voz y todas esas cosas. Pero, claro, quienes se hayan cruzado conmigo o hayan parado su coche junto al mío durante este tiempo, me habrán visto hablando solo y encima con una expresividad envidiable… Gajes del oficio se llaman.

(También lo escuchaba en el MP3 mientras salía a correr pero, en este caso, no tenía aliento como para hablar a la vez así que al menos no me miraban raro)

En fin que esta mañana tenemos uno de los dos ensayos generales y, mañana por la tarde, el último y definitivo. Y en estos ratos anteriores es cuando dudas de si no te apetece ensayar por pereza o por miedo a que no esté tan bien preparado como creías.


Será la pereza. Seguro

martes, 25 de enero de 2011

Nervios

¿Estás nervioso? Es la pregunta desde hace unos días. Y la respuesta es sí, claro. Cómo no estarlo.

De todos modos, en todos los espectáculos siempre me asaltan dos clases diferentes de "nervios".

Uno es el escenario: ¿saldrá bien? ¿recordaré el guión? ¿gustará? ¿haré lo que tengo ensayado? Y, especialmente en esta actuación: ¿entrarán las músicas a tiempo? ¿las luces?

El otro tipo de nervios es, digamos, la logísitica: Tener el vestuario a punto, que no falte nada del decorado, la promoción... Sobretodo la promoción: actualizar el blog, el facebook, enviar e-mails, llevar los datos del montaje a los medios de comunicación y, especialmente para este espectáculo: ¿habremos vendido suficientes entradas? (Esta vez no importa que no llenemos el salón pero esperemos que al menos no parezca desangelado).

Los nervios del escenario van por rachas y es que siempre acabas unos ensayos más convencido que otros. Pero, la verdad, para el reto que supone "Novecento" estamos razonablemente nerviosos y no histéricos como podría ser.

Los nervios de la logística también están, más o menos controlados. Hemos hecho casi todo lo que estaba en nuestras manos y, ahora ya, no depende mucho de nosotros. La promoción en prensa parece que saldrá bien (hoy salimos en la "contra" del Diario de Burgos) y los vestuarios y decorados están casi cerrados (¡maldita silla!). Si acaso, nos ocupa más atender a los invitados que viajan de otras ciudades para ver el estreno, pero eso seguro que también sale bien.

En fin, que sí claro, que estamos nerviosos. Pero es imprescindible. No conviene estar demasiado tranquilos porque te relajas y hace falta un "puntito" de tensión para los remates del final y para estar alerta en esta parte final. Convivimos con esos nervios estos días pero, el viernes, tenemos pensado dejarlos en el camerino y subir al escenario solo para disfrutar.


domingo, 23 de enero de 2011

Y si...


Buff... que cerquita. Esto de los días antes de un estreno (como de cualquier cosa importante en realidad) tiene algo de montaña rusa. Hay días en que parece que no vas a llegar y otros que tienes la sensación de que está todo bajo control... Bueno, en realidad, no son días, son ratos. En la misma mañana puedes hacer un repaso mental de cosas pendientes y quedarte tranquilo porque todo está encauzado y, al rato, empezar a tener dudas de "y si..."

¿"Y si..." cuando llegue a la sala de control, no reconoce los archivos de música.?
¿"Y si..." me quedo totalmente en blanco en un párrafo que no me puedo saltar?
¿"Y si..." la venta de entradas no remonta y estamos menos que "en familia"?
¿"Y si..." cuando acabe la gente aplaude por compromiso pero se queda decepcionada?
¿"Y si..." no soy capaz de hacerme el nudo de la pajarita?
¿"Y si..." se me rompe el taburete del piano en plena actuación?
¿"Y si..." la directora no puede llegar?
¿"Y si..." se me olvidan en casa los zapatos?


¿"Y si..." todo sale aceptablemente bien?
Seguro que sí.

Todavía es Domingo...


¿cuántos días se supone que faltan? Buff... que rima más mala.

El humor.

Siempre ha estado tan presente en nuestras actuaciones... pero esta vez será algo menos. Si nos paramos a pensar en los espectáculos creados, todos tienen una importante, o casi decisiva, presencia del humor: Incluso el de amor , o los que hablan sobre Burgos, o el de mujeres, ... todos tienen un tema más o menos monográfico y siempre pasado por el filtro del la risa. Si acaso es diferente, el primero de todos, del que tomamos el nombre como asociación: La Poesía es un Cuento. Este eran poemas de Don Mario Benedetti contados a viva voz y, claro, no había mucho tiempo para carcajadas. Aunque, no nos engañemos sí para sonrisas en algunos pasajes. Sonrisas, por otro lado que se quedaban en los labios del público mientras seguían escuchando. Sonrisas de nostalgia, de descubrimiento, de felicidad. Sonrisas.

Novecento, podría ser más o menos parecido. Tiene alguna parte más divertida que otra, tiene algunos pasajes realmente divertidos pero el tono general no es el humor. Aún así creemos y esperamos que la gente se sienta cómplice de los personajes, que los adopte como suyos y, de esta manera, mantenga durante toda la narración una sonrisa de cariño hacia una historia "delirante a decir verdad, pero hermosa". Es decir, no es un espectáculo de humor de carcajada continua pero no se dejen las ganas de reír y sonreír en casa.

Bueno, en realidad este consejo es ampliable y no sólo para asistir a "Novecento": no se dejen las ganas de ser felices en casa... nunca. Ya saben: "...sean felices, defiendan la alegría..."



sábado, 22 de enero de 2011

Música maestro


En un espectáculo como Novecento, en el que el narrador es un trompetista y el personaje alrededor del cual gira la historia toca el piano, la música es, evidentemente, trascendental. Nos han preguntado varias veces si hay alguien tocando el piano tocando en directo sobre el escenario pero no es el caso.

Al pensar en la adaptación nos rondó la idea pero, al menos para esta vez, la descartamos. No es que sea una mala opción pero lo que se nos pasó por la cabeza es que, si estábamos contando la historia del pianista más grande de todos, lo que sonara en el piano del escenario tenía que ser realmente extraordinario. ¿Quién asumiría ese reto? Además de ese argumento, estaba en la cabeza intentar "pelear" este texto como todos los anteriores: con la magia y el riesgo que supone contar una historia sin apenas "ayudas". Como solemos decir con otros montajes: es tan fácil como una persona contando una historia sólo con su voz y con su cuerpo y es tan difícil como una persona contando una historia sólo con su voz y con su cuerpo. Quizás un piano en directo sería una grandísima ayuda pero quisimos, una vez más. "jugárnosla".

De todos modos, aún no hemos estrenado este montaje y ya nos rondan por la cabeza dos variaciones: Novecento "de cerca" (para un grupo pequeño con el narrador sentado entre el público y poniendo las músicas él mismo en un gramófono) y Novecento "2.0" con alguien tocando el piano en escena pero sin formar parte de la historia (para que no pueda haber comparaciones con el pianista del océano). Trabajaremos en ello...

Así que, este viernes 28 la música que sonará como banda sonora será, como se suele decir, "enlatada" pero cuidadamente escogida. Ragtime, danzas, baladas, virtuosismo... (No nos cansamos de agradecer a Guillermo Díez su paciencia y su trabajo de selección y asesoramiento en esta importantísima parte musical). Incluso hemos buscado algunas piezas para que en, los minutos anteriores al comienzo de la obra, el público vaya haciéndose una idea de lo que suena en nuestro "Virginian" y, aunque parezca algo menor, otro par de canciones justo para la finalización. Queremos que la gente se marche con un buen sabor de boca... y bailando.


viernes, 21 de enero de 2011

Excusas, excusas, excusas...


Sí. Excusas. Pero de las buenas... Me explico. Estos días, cuando iba por ahí de acto promocional en acto promocional (*acto promocional: Poner carteles en lugares donde me conocen y ofrecer entradas a la gente que suele ir a mis actuaciones) me han dicho varias veces frases como estas:

-Ah, pues mira que bien llamo a mi amiga Carmen, que hace mucho que no la veo, y nos vamos juntas.

-Qué buena idea, le dejo a mi marido con los niños y me tomo una "tarde libre" para mí.

-Pues aprovecho y, después de la actuación nos vamos a cenar por ahí que hace un montón que no lo hacemos.

-Pues me apetece que hace mucho tiempo que no voy al teatro (en realidad que no voy "a nada").

Así que "Novecento" también es una excusa. Para salir de casa en la fría noche burgalesa y subirse a las cálidas butacas de nuestro barco: el Virginian. Para quedar con alguien que hace mucho que no ves. Para ponerle buena cara al mal tiempo y decir que no pensamos dejar de sonreír y de disfrutar. Para hacer una visita a Burgos a los que no sean de aquí. Incluso para invitar al teatro a alguien "especial"... (¿quien sabe? quizá del Virginian pueda nacer una historia de amor...)

Por nuestra parte, haremos todo lo posible (de hecho, ya lo estamos haciendo) para que ese ratito sea lo más agradable posible. Que puedan dejar las preocupaciones fuera y durante algo más de una hora sólo disfruten de una historia contada a viva voz, como siempre se ha hecho. Que cuando suban a nuestro barco con nosotros disfruten de esta historia "límpida e inexplicable como sólo lo era la música cuando salía del piano mágico de Danny Boodman T.D. Lemon Novecento"

Oh yes...